23. SATISFECHA

Gustav bajó la mirada.

—Me duele verte así.

—El problema es que no sé qué hacer para que se desilusione de mi.

—¿Ya le mostraste tu lado poco agraciado?

—Si, sabe que eructo hasta con ver agua, si a eso te refieres — declaró haciéndolo dibujar una mueca de desagrado. Era mentira pero sabía que lo incomodaría—. ¿Lo ves? Él sí me ama en verdad, con todos mis horribles defectos. Cuando descubrió que yo hacía éso tan solo se rió.

—No te creo.

—Sabe todo sobre mi, excepto ese oscuro y maldito detalle.

—¿Y por éso quieres que te deje?

—Sí, porque estoy segura de que Roman al igual que tú, cuando lo sepa dirá que me ama, que no le importa. Luego, se obsesionará con la idea y terminará yéndose con otra.

Gustav se sintió impotente al no poder consolarla. Miranda simplemente no le permitía acercarse más.

—Ojalá pudiera hacer algo para ayudarte.

Miranda meneó la cabeza.

—¿Harías algo para que Roman me deje? —inquirió irónicamente y una idea cruzó por su cabeza. Gustav pareció pensar lo mismo.

—Puedo hacerlo —musitó—, si tú quieres.

—Si se enoja podría lastimarte seriamente.

Gustav arrugó el ceño.

—Ni que salieras con un luchador de esos que decias que te gustaba ver.

Miranda se limpió las mejillas.

—Pues Roman es uno de esos. Uno enorme y fuerte.

Gustav la miró incrédulo. Era tan pequeña que no imaginaba cómo…

—Miranda… ¿volviste a ser aficionada esa cosa tan espantosa?

La chica se levantó.

—Si, y él es más alto y fuerte que tú —lo recorrió con indiferencia—, fácil pesa veinte kilos más. Y no lo conocí en un auditorio.

—¿Entonces…?

Miranda suspiró.

—Compró la casa de al lado, de donde vivo.

—¿La ruina esa?

—Si.

Volvió a sentarse.

—¿Al menos es del bando de los buenos?

Miranda se mordió los labios.

—No. Es un chico malo —sonrió enamorada.

—¿Qué? —inquirió Gustav—. ¡Por Dios Miranda! —ahora fué su turno de levantarse y mirarla como si hubiera perdido la razón—. ¿Cómo pudiste meterte con alguien tan peligroso?

Miranda sacó su teléfono móvil y buscó una foto de Roman.

Extendió una mano y se la mostró a Gustav.

—Él es perfecto. Todo un caballero —fuera de la cama—. Encantador, guapo. Sonríe tan hermoso y cuando sus ojitos me miran… Todo lo rudo que es como luchador se queda en el ring —y lo traslada al sexo, agregó mentalmente, perdiéndose en cada locura sensual que habían hecho.

Bajó el teléfono para admirarlo sola.

Gustav se sentó cerca de ella

—Miranda —atrajo su atención—. ¿Te acuestas con él?

—No voy a responder.

—Ya lo hiciste —respondió Gustav por ella, asombrado. A él no se la dejó tan fácil cuando fueron novios.

—Pues sí —decidió ser honesta, con deseos de molestarlo por curiosear en su vida íntima —, y desde el primer día —aseguró logrando su objetivo.

Gustav apretó sutilmente la mandíbula cuadrada.

—Pero, ¿por qué?

Miranda se encogió de hombros.

—Porque me gustó, y apenas me enteré de que era mi fantasía sexual, el hombre que durante años me mojó las pantaletas sin saber —casi se le escapa una carcajada cuando lo vio palidecer, luego enrojecer de rabia—, no dudé ni un segundo en insinuarme… y luego vino el amor.

El autocontrolado productor fingió una sonrisa que fué más falsa que los cuerpos de algunas compañeras del programa matutino de televisión.

—No lo amas entonces… en verdad.

—No es solo sexo —replicó retomando su desánimo.

—¿No?

—No.

—¿Es… mejor que yo?

Miranda lo miró asombrada. ¿En qué sentido lo preguntaba? Pensó en no responder, pero el hombre merecía una patada en los testículos o su respuesta. ¿Que disfrutaría más? ¿Darle dolor físico por haberla engañado descaradamente y luego rechazarla sin la menor delicadeza, o acabar con su autoestima y dejarlo marcado por mucho tiempo?

Un brillo casi diabólico apareció en sus hermosos ojos.

—Si la primer noche que te acuestas con un completo desconocido —empezó a recordar, mirándolo fijamente —, él te hace gritar de placer una y otra vez por las sensaciones que arden en cada milímetro de tu piel y cuando esa pasión es tanta que no importa el dolor… —pausó para provocar su curiosidad morbosa.

Gustav arrugó la frente.

—¿Dolor? ¡En el sexo no hay dolor!

—Querido con un pene de ese tamaño —sonrió dando en el blanco. Pero qué agradable era ser mala.

—¡Tú… tú no eres así! ¡Me estás engañando!

—Créeme que yo también estoy sorprendida por las barbaridades que he estado haciendo con él, cosas realmente increíbles y… —suspiró—. ¡Dios, lo voy a extrañar tanto! No creo que con nadie más pueda sentirme tan satisfecha.

—Malvada.

—Sólo respondí con la verdad —aseguró y no mentía.

—Nadie consigue tanto de una pareja la primera vez.

—Yo lo hice con Roman.

—Claro, seguramente toma esteroides, hormonas, que lo ponen ardiente.

—Roman es un hombre muy sano, no toma más que agua.

—Te apuesto lo que quieras a que se mete alguna droga.

—Gustav no seas envidioso. Ése hombre es magnífico como amante.

—Está bien, ya no sigamos tocando ese tema. Mejor planeemos qué vamos a hacer para que te deje en paz. Tal vez, cuando eso suceda, tú decidas darme una oportunidad.

Los siguientes días se volvieron eternos. Su relación con Roman ante sus familiares se había mantenido discreta. Sabían que salía con alguien, pero nunca les dijo que era su vecino, así que decidió mentir cuando Olivia le preguntó:

—¿Y cuando conoceremos a tu nuevo amor?

—Ya lo conoces —respondió sentada cerca de ella —. ¿Es alguien que vive cerca de ti?

—Mmh no —musitó Miranda.

—¿No?

—No.

—¿Entonces…?

—Se trata de… ¡no te vayas a enojar!

Olivia frunció el ceño, luego se relajó.

—Miranda, no me digas que volviste a salir con Gustav.

La chica sonrió.

—Era lógico ¿no crees?

—No, no es lógico. Ese hombre te engañó, te maltrató y luego te hizo a un lado, como si fueras algo sin valor.

—Olivia, Gustav es distinto ahora y me necesita. No sólo él sino Isaac —le explicó, oyendo que tocaba, en el timbre de la puerta.

—Entonces, ¿volviste con él por interés?

—Para ti es fácil la vida. Tú no sabes la frustración que se siente al no concebir y ahora tengo la oportunidad de tener un bebé.

—¡Pero Isaac tiene a su madre!

—¡Ella no lo quiere!

—¡Aún así, tarde o temprano la tipa lo reclamará!

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